|
Testimonio leído en el cerro luego del rezo del
Santo Rosario el sábado 25 de
septiembre de 2004 por la Sra. Margarita Emperatriz Villar, de la provincia
de Tucumán.
San Miguel de Tucumán,
septiembre 25 de 2004
Ni nombre es Margarita Emperatriz Villar, soy de
Santiago del Estero por nacimiento y tucumana por adopción, vivo en Tucumán
desde hace 41 años.
Hace dos años me encontraba pasando un mal
momento en mi vida de relación, mi fe y todo lo que me rodeaba no producían
la satisfacción espiritual plena. Y de pronto alguien, así, de la nada me
habló de este lugar santo en el que se encuentra la Ermita de la Inmaculada
Madre y todos los caminos me fueron allanados, exactamente una semana después
yo estaba aquí, sola, sin conocer a nadie.
Mi encuentro con la Inmaculada Madre del Divino
Corazón Eucarístico de Jesús fue especial, y, cuando recibí la Oración de
Intercesión, mi emoción es inenarrable. A partir de este día, mi vida
interior comenzó a cambiar, también mi contexto.
Regresé al mes siguiente, un 20 de diciembre. La
vida plena me invadió. Jamás fui tan feliz como ese día, no quería
regresar, deseaba estar aquí, contemplando a la Madre, agradeciendo y
rezando. No crean que yo no tengo problemas de salud, si, me aquejan
algunas ñañas, pero si mi corazón y mi espíritu no están bien yo me siento
muy enferma.
Escribí muchas cartas, las dejé en el buzón y
todas las cosas que pedí se fueron concretando de a poco.
Pude venir con dos de mis cuatro hijas y una
nieta, más tarde regresé con mi hija y su novio, y lo más importante el 26
de junio estuve aquí con mi esposo, quien a regañadientes se puso para
recibir la Oración de intercesión y luego fue a la Ermita y tocó a la
Madre. ¿Por qué les cuento esto? Porque yo le pedí a la Inmaculada Madre que llamara a mi
esposo y a mis hijas, Sigo pidiendo lo mismo, deseo que ellos amen los
Sagrados Corazones como los amo yo.
Hoy quiero agradecer a la Inmaculada Madre del
Divino Corazón Eucarístico de Jesús y al Divino Corazón Eucarístico, los
cuidados que me dispensaron cuando fui operada de una colopatía
diverticular el 5 de julio pasado y quiero agradecer a María Livia por ser
tan digna intercesora de los Sagrados Corazones y del Espíritu Santo.
Sin Amor y sin Fe nada es posible.
Margarita Emperatriz
Villar
|