Testimonio de Oscar Schmidt

 


Agosto 2003


Aparición de la Virgen en Salta

 

Mi testimonio

 

Hace pocos días volvimos de Salta, al norte de Argentina, donde visitamos la aparición de la Virgen María, que bajo la advocación de “la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús” convoca a multitudes cada sábado desde hace bastante tiempo. Y les quiero contar lo vivido.

Somos colaboradores de www.reinadelcielo.org y quisimos visitar a María para agrandar nuestro conocimiento y amor por las diversas manifestaciones de la Madre de Dios en las recientes décadas, en la actualidad.

 

Todo el viaje que realizamos estuvo bajo la protección de Santa Teresita del Niño Jesús: desde hace tiempo tenía pendiente leer su libro “historia de un alma”, y cuando lo vi en casa antes de salir no dudé: ésta era la oportunidad. Así que durante los días previos, mientras recorríamos Salta y sus hermosos iglesias y capillas, leía sobre el Carmelo y las Carmelitas, sobre la hermosa vida de Teresita en Lisieux. ¡Que maravilla, mis hijos empezaron a leer el libro también, a interesarse por ella!. Pocos días antes, además, habíamos disfrutado la fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Yo siempre uso el Escapulario Medalla, pero antes de iniciar el viaje me coloqué un Escapulario de tela, para reforzar la protección de María. De tal modo, los Carmelitas y el Carmelo parecían hacerse cargo de nuestro viaje, inspiraban nuestras charlas, meditaciones y oraciones.

 

Finalmente llegó el momento de encontrar a la Virgen: el día sábado es el elegido por María para congregarse en peregrinación. Hacia el mediodía llegamos al pie del cerro, en el barrio “tres cerritos” de la ciudad de Salta. De entrada nomás se advirtió la organización: estimo en no menos de cien la cantidad de servidores que con profundo amor y sentido de la disciplina cooperan cada sábado tanto en la base del cerro, como en todo el trayecto y en la cima, punto de reunión. Todos identificados con un pañuelo celeste, como si fuera un “escapulario” extraído del Manto de María. Subimos caminando por el sendero que lleva a la cima, sin poder dejar de pensar que era la subida al Monte Carmelo, como una especie de ascenso espiritual: jadeando, cansados, pero felices de estar encaminados a esta especie de monte Tabor donde Dios nos iba a regalar Sus Gracias. ¡Se sentía en el pecho que el Espíritu Santo estaba en ese lugar!.

 

Llegamos a la cima del cerro: ¡que frío hacía!. El lugar pertenece a las Carmelitas (gracias Santa Teresita, una vez más) que lo ceden con amor para ésta gigantesca obra de Dios. Hay una pequeña capilla con la imagen que identifica a la advocación: ¡qué hermosa está María!. Y luego está todo preparado puntillosamente, con inmenso amor, para la fiesta que se iba a desarrollar. Los enfermos se ubican en un lugar especial, quienes quieren recibir una oración personal de la vidente, María Lidia, formamos fila en senderos especialmente designados, los peregrinos se ubican en otro sitio. En el lugar hay un silencio y respeto que sorprende: se ora, se espera, se medita, se leen cosas de Dios. La gente se va congregando a medida que llega la hora tres, punto de inicio de la oración del Rosario. A esa hora la multitud es importante, hay mucha gente a pesar del frío que hace. ¡Que importa, si allí está Dios!. Se empieza a rezar el Santo Rosario, con cantos carismáticos y lectura de mensajes de la Virgen a la Vidente. Se sentía cómo se derramaban las gracias, como crecía el accionar del Espíritu Santo en el lugar, abriendo corazones. Al finalizar la oración, un sacerdote impartió la bendición a todos los presentes, para dar paso a las oraciones individuales impartidas por María Lidia. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde.

 

Iniciando por los enfermos, ella empezó a orar e implorar a Dios uno por uno, por todos los que así lo deseaban. Sin apuros, sin prisa, con enorme paz y devoción. Para que tengan una idea, nosotros éramos de los primeros ya que habíamos subido al cerro temprano: recibimos la oración individual a las seis y media de la tarde, y entiendo que culminaron los últimos a las diez y media de la noche. ¡Qué poco importa todo esto cuando está presente María!. Todos esperamos en oración y paz. Los servidores mantenían el orden en las filas, ayudaban a los enfermos, contestaban preguntas, todo con gran amor. Cuando finalmente nos llegó el momento, pudimos ver el lugar: en una explanada en la cima del cerro, un grupo de jóvenes cantaban permanentes alabanzas al Padre, a Jesús, al Espíritu Santo, al Dios Trino. Una multitud de servidores ubicaban a la gente por tandas, de tal modo que María Lidia pasaba frente a cada uno, le apoyaba la mano derecha en el hombro, y oraba interiormente. Me sorprendió la paz y humildad que emanaba de ella, como suele ocurrir en todos los instrumentos que Dios no sólo elige, sino que forma diligentemente a lo largo de los años para servirlo en Su Obra. La obra es visiblemente de María, la vidente se presenta como una simple y pequeña “herramienta” al servicio de Dios.

 

De acuerdo a los turnos, cuando me iban a ubicar en el lugar de la oración personal pude ver que ya estaban allí mis hijos Victoria y Valentín. Caminé unos pasos acompañado por un servidor y cuando volví a mirar, los vi a ambos recostados en el piso, con los ojos cerrados y una paz inmensa en el rostro. Valentín, como buen adolescente que es, incluso se había ubicado en la fila con las manos en los bolsillos: pues así estaba recostado en el piso descansando en el Espíritu: ¡con las manos en los bolsillos!. Di inmensas gracias a Dios por haberme regalado el verlos así, llenos de la Gracia de Dios que cura y da testimonio interior de Su Presencia sensible en este mundo. ¡Que lindo fue verlos!. No tuve mucho tiempo, me acomodaron en mi lugar y ya estaba María Lidia frente a mi: me puso la mano en el hombro, y caí redondo, como una tabla. Con mi casi metro noventa y algo más de cien kilos, ¡me imagino el revuelo entre los servidores que se ubicaban detrás de cada peregrino para sostener una eventual caída!. Tendido boca arriba, con los ojos cerrados, en el frío piso del cerro. En cualquier caso, me encontré allí y de repente no sólo consciente, sino inmensamente consciente. Consciente de estar en la cima de un cerro, rodeado de músicos que cantaban a mi alrededor y de una multitud que presenciaba lo que allí ocurría, del resto de mi familia que estaba también ahí. ¿Qué importaba todo eso?. ¡Estaba consciente de Dios!. Pensé en esos instantes que esto era el Cielo, cuanta paz, cuanta seguridad en que el Padre nos cuida y se hace cargo de nuestras vidas. No importaba el frío, sólo gozar del Espíritu Santo que me invadía y consolaba. ¡Pero había que volver!. De a poco fui tratando de levantarme, me ayudaron, y lleno de alegría y en oración interior me retiré del lugar. Nosotros éramos once: todos caímos redondos, algunas sobrinas lloraban también, de alegría. Incluso una de ellas llegó a Buenos Aires y salió con su tía de inmediato a Salta porque quiso volver a subir al cerro.

 

La pregunta es: ¿todo el mundo cayó en descanso en el Espíritu Santo?. No, no todos. Algunos lloraban, otros simplemente recibían la bendición, pero muchos caían. No es un premio ni un castigo caer o no caer, es un misterio de Dios que tiene que ver con muchas cosas que los hombres sólo parcialmente entendemos. Dios pone Su parte cuando El quiere, nosotros sólo podemos abrirnos a Su acción, sujetos a Su Voluntad de tocar nuestra alma, como El quiera y cuando El quiera. Lo que si es cierto, es que es importante acudir con un corazón lo más abierto posible a la Gracia de Dios: una fe viva, activa, de niño. Vi muchos enfermos y familiares de enfermos que acudieron con esa fe, esa actitud de niños. Ante la desesperación humana, acuden a la Esperanza del Dios Vivo, Jesús. Y muchos otros también fueron por curiosidad: Dios hace Su Obra, hay que confiar en El y en Sus métodos. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo?. En esos instantes pude ver un padre que se ubicó con su hijo de unos tres o cuatro añitos: cayó totalmente redondo al piso. ¿Y su niño?. Uno podría pensar en la desesperación de ver a su padre tendido en el piso como desmayado o quizás muerto, para su pequeño entendimiento. Lejos de ello, el niño cayó redondo también, descansando en el Espíritu igual que su padre. Ambos estaban uno sobre el otro sonriendo con los ojos cerrados y una paz absoluta, recostados en el frío piso de la cima del cerro, por largos minutos. ¡Es Obra del Espíritu Santo!. He visto mucho espíritu de Bendición Carismática en el lugar, lo que me dio gran alegría ya que María prepara todo para beneficio de su obra: seguramente se sirvió de algún grupo carismático para alimentar su presencia en Salta. ¡Gloria a Dios!. El Padre Emiliano Tardif debe sonreír allá en el Cielo.

 

Bajamos caminando del cerro con linternas porque ya oscurecía (nos lo habían anticipado). Estábamos felices, radiantes. Bajábamos este “Monte Carmelo” con el Espíritu de Santa Teresa de Avila o de Santa Teresita. Del Reino de Dios, al mundo, pero llenos del Espíritu Santo para poder obrar para el Señor con ganas renovadas, con el “tanque lleno”. Hablamos, reímos, compartimos, disfrutamos la Gracia recibida.

 

Recibimos al día siguiente un regalo extra: habíamos tratado de visitar el Carmelo de Salta unos días antes, sin éxito. Estaba totalmente cerrado. Pero el día siguiente a la aparición nos levantamos temprano para iniciar viaje de regreso. Como era domingo, acordamos asistir a Misa en la ciudad de Santiago del Estero por la noche, a mitad de camino. ¡El Señor tenia otros planes para nosotros!. Pasamos por el centro de la ciudad de Salta para hacer unas compras de último minuto (unos angelitos de cerámica que habíamos visto unos días antes). Le pregunté entonces a un policía cual era el camino más breve para dirigirnos a la ruta que va a Buenos Aires. Al tomar ese camino, volvemos a pasar por la puerta del Carmelo, ¡cuya iglesia estaba abierta!. Estacionamos apurados y cuando entramos vimos que la Santa Misa empezaba en ese instante, el sacerdote impartía la bendición inicial. ¡Qué Misa!. El sacerdote hizo aspersión de agua bendita por todo el Templo, se escuchaban los cantos de las carmelitas que eran invisibles a nuestros ojos. La Comunión con las dos Especies (el Pan y el Vino) fue impartida por el Sacerdote exclusivamente, uno por uno, con enorme devoción Eucarística. Y el regalo final: en la homilía el sacerdote hizo una abierta y acabada defensa de la aparición de la Virgen en Salta, los mensajes que María Lidia recibe de María desde 1990, del regalo que significa tener la Gracia de Dios derramada en Salta de tal modo. Y también hizo una referencia a todos aquellos que persiguen la aparición, que tratan de apagarla. Dijo claramente que el hombre no puede destruir la obra de Dios, cuando Dios así lo quiere. ¡Pero qué dolor siente Dios cuando Sus propios hijos se oponen a Su obra!. Mi reflexión: Sería bueno que todos tuviéramos la sabiduría de Gamaliel, (sacerdote, teólogo, fariseo y escriba del templo de Jerusalén), como lo describe el médico y evangelista San Lucas en los Hechos de los Apóstoles (5,17-41): no hay pecado más grave que el que se comete contra el Espíritu Santo, nada pone a un alma a mayor riesgo de caer en la condenación eterna. Por lo tanto, decía Gamaliel, si no estamos seguros de que una obra no es de Dios, mejor dejar que sea Dios mismo el que muestre Sus Signos, no corramos el riesgo de estar luchando contra El. El sacerdote carmelita se nos presentó como un valiente soldado de Dios: ¡Bendito sea!, ¡Gloria a Dios!. El viaje, bajo la protección de Santa Teresita, del Carmelo todo, había tocado un punto de alegría espiritual sin limites. ¡Que felices estábamos!. Dios nos había organizado todo a Su medida, para nuestro beneficio. ¡Todos los signos nos indicaban que allí estaba Dios actuando en forma activa y viva!.

 

También dejamos en el cerro más de trescientas copias de los libros de la ReinadelCielo para que los distribuyan a su criterio, y alimentamos nuestro corazón de ánimo para seguir investigando y difundiendo la obra de María en todos los lugares donde Ella se presente.

 

Mi resumen: ¡Yo creo que la aparición de Salta es verdadera!. Y no importan las objeciones que se intenten plantear, el demonio jamás haría semejante obra que va en su propia contra. Tantos jóvenes dan su tiempo y su vida para la Virgen allí, cada sábado ellos están allí arriba hasta tarde, entrada la noche. Y trabajan sin cesar. Los fieles y peregrinos son miles y miles y vienen cada sábado desde todo el país, una y otra vez. Muchos de ellos vuelven a los Sacramentos, a la oración, se alejan de la fetichería y del error al advertir la pureza en la fe que María nos pide a todos. ¡Como podría el demonio ser el autor de esa obra!. Salta es de Dios, quien allí vaya lo puede testimoniar, como yo lo hago.

 

¡Gracias Madre por regalar tantas Gracias a la Argentina, por llevarnos a Tu Hijo Jesús, único Salvador y Mesías!.

 

La aparición fue apoyada y aprobada por el Obispo anterior, siendo que un nuevo Obispo está revisando los mensajes y aún no ha emitido su opinión. Mientras tanto, se pueden difundir los mensajes aprobados anteriormente, recibidos hasta el año 1997. Los Carmelitas siguen apoyando la obra, con gran amor y coraje, inspirados en el amor por Jesucristo a través de la Intercesión amorosa de Su Madre. Oremos más que nunca para que los corazones se abran y se de continuidad a la expansión de la Presencia de María en Salta. ¡Para Gloria de Dios!

 

Oscar Schmidt

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