SAN TARCISIO

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Los cristianos para poder celebrar sus cultos se veían obligados a esconderse en las catacumbas o cementerios romanos. Era frecuente la trágica escena de que, mientras estaban celebrando los cultos ,llegaban los soldados, los encontraban de improviso, y, allí mismo, sin más juicios, los decapitaban o les infligían otros martirios.

Todos confesaban la fe en nuestro Señor Jesucristo.

La imagen macabra quedo grabada fuertemente en el alma Tarcisio y se decidió en seguir la suerte de los mayores cuando le tocase la hora. Un día, en que estaban celebrando el Santo Sacrificio de la Misa en las catacumbas de San Calixto, se recuerda a los cristianos encarcelados que no tienen sacerdotes, y que por lo mismo no pueden fortalecer su espíritu para la lucha que se avecina; es decir si no reciben el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, pero ¿quién será ese alma generosa que se ofrezca para llevar el Cuerpo del Señor?

El obispo pregunta y son montones las manos que se levantan. Todos están dispuestos a morir por Jesucristo y por sus hermanos. Uno de estos niños es Tarsicio.

Ante tan intrépida fe, el anciano toma con mano temblorosa las Sagradas Formas y en un relicario las coloca con gran devoción a la vez que las entrega al pequeño Tarsicio, de apenas once años, con esta recomendación: "Cuídalas bien, hijo mío". —"Descuide, Padre, que antes pasarán por mi cadáver que nadie ose tocarlas".

Tarsicio sale custodiando al Señor junto a su pecho, entre los pliegues de la túnica. Tal vez por curiosidad o por malicia, y para robarlo, unos jóvenes lo interceptan y le piden que entregue lo que lleva. La negativa les desconcierta, y se ensañan más aún, lo golpean y lo apedrean hasta quitarle la vida. Causa estupor la firmeza del adolescente en defender lo que custodia.

Pasó Tarsicio a la casa del Padre celestial en el año 258. Los cristianos católicos recogieron el cuerpo del niño mártir y le dieron honrosa sepultura en el cementerio de San Calixto.

San Tarsicio es patrono de los jóvenes adoradores y de los acólitos o monaguillos que ayudan a los presbíteros en el Altar.

La fortaleza de San Tarcisio es una prueba mas que desde su comienzo – la Iglesia entendía las palabras de Jesucristo: “Este es Mi Cuerpo esta es Mi Sangre” de un modo real no metafórico.

¿Quién se hubiera dejado lapidar por un símbolo? San Justino afirmaba que la Eucaristía es “la Carne y la Sangre de aquel Jesús que se encarnó”, y San Ireneo añadía que el Cuerpo resucitado de Cristo vivifica nuestra carne: al comulgar “nuestros cuerpos no son corruptibles sino que poseen el don de la resurrección para siempre”

 Tarsicio es el primero en proclamar su fe en el misterio eucarístico hasta el extremo de consignar su vida, por eso se le conoce como el protomártir de la Eucaristía: Esteban confesó que Jesús era el Mesías, pronunciando un discurso que le llevó a la lapidación; Tarsicio defendió -en silencio- a su Dios presente en la Hostia Santa, correspondiendo a la entrega del Amigo que se ofrecía por su vida, y por la de todos, en la Eucaristía.

Este es el mensaje de San Tarcisio al mundo de hoy incrédulo, escéptico y paradójicamente supersticioso: Reconocer la real y divina presencia de Cristo en el Eucaristía, para adorarla y alimentarnos de Ella, y con ello alcanzar la vida eterna, ya que se pone a nuestro lado y nos fortalece con su Cuerpo y su Sangre, y así nos indica la dirección; que si tenemos en Él nuestro centro, descubriremos el sentido de la misión que se nos ha confiado, y tendremos un ideal humano que se hace divino, y llegaremos a sacrificar gustosamente no ya tal o cual aspecto de nuestra actividad, sino la vida entera, dándole así, paradójicamente, su más hondo sentido y cabal cumplimiento.

 

ORACION


San Tarsicio,

Mártir de la Eucaristía,

pídele a Dios

que todos y en todas partes

demostremos un inmenso amor

y un infinito respeto, así como una gran fe,

al Santísimo Sacramento

donde está presente Jesucristo,

con Su Cuerpo, Su Sangre y Su Alma y Su Divinidad.

Amén.

 

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