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SANTA TERESITA DE LISIEUX

 PARTE I

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Santa Teresa del Niño Jesús nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres ejemplares eran Luis Martín y Celia María Guerin, ambos venerables. Cuatro de las cinco hijas del matrimonio fueron carmelitas y una, monja de la visitación. Cuando Teresita tenía 4 años perdió a su madre. En 1877, el padre con sus cinco hijas, se fue a vivir a Lisieux. En 1925 el Papa Pío XI(once) la canonizó, y la proclamaría después patrona universal de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria» el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita. Proclamada "Doctora de la Iglesia" por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997 (Día de las misiones)

“Quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección”

La palabra de Dios le descubre el camino: "Si alguno es pequeño que venga a Mí" (Mateo 19, Vers. 14). "Entonces yo fuí" - escribe Teresita - preguntándose qué haría Dios con el pequeño que fuese a Él. Leyendo Isaías 66, comprendió que no podía subir sola la escalera de la perfección, pero que Jesús la cogería en sus brazos y la subiría como en un ascensor rápido. Desde entonces Teresita no encuentra ningún obstáculo, al contrario, será pequeña y ligera en los brazos de Jesús y será santa por un camino rápido. Así cuenta Santa Teresita el descubrimiento de "su caminito" (En Manuscrito Historia de un Alma).

Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. Pero al ser menor de edad no se lo permitían. Entonces decidió peregrinar a Roma y pedírselo allí al Papa. Le rogó que le diera permiso para entrar en el Carmelo; el le dijo: “Entraréis, si Dios lo quiere”. Tenía, dice Teresa “una expresión tan penetrante y convincente que se me grabó en el corazón”

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo “el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre”

Ella misma escribió: “Tuve que luchar; no tenía una naturaleza dócil; no pasó ningún día en el cual no fuera herida”. La superiora trató de romper el aparente orgullo de la marcada personalidad de esta joven novicia con humillaciones y regaños. Teresita conocía bien su pequeñez y quiso refugiarse en los brazos paternales de Dios, precisamente como un niño, con sus deficiencias. De acuerdo con ella, la perfección no existía en lo extraordinario ni en ofrecer muchas obras a Dios, sino en la aceptación humilde de la vida ordinaria, pero ésta vida ordinaria no debe ser egocéntrica, si no cristo céntrica y misionera, salvar almas por medio de la vida crucificada.



 PARTE II

"Quiero ser santa"

Teresa, apasionada adolescente, ha decidido ser santa. En el Carmelo, cuando era postulante, escribió a su padre: "Labraré tu gloria haciéndome una gran santa".
Pero, muy pronto, va a comprobar su debilidad y su impotencia cuando se compara con los santos. Le parecen una montaña mientras ella no es más que un granito de arena. "Mi crecimiento es imposible" piensa, pero no se desanima. Si Dios ha puesto en ella esos deseos de santidad es porque debe tener un caminito para escalar " la dura escalera de la perfección".

Al iniciarse el año en que murió, el de 1897, dió un nuevo testimonio de la dimensión eclesial de su entrega total a Cristo. “En el corazón de la Iglesia, que es mi Madre, quiero ser el Amor.” Ofreció sus penas espirituales y físicas para que la Misericordia Divina pudiera derrochar corrientes de gracias en la obra misionera de la Iglesia. Poco antes de su muerte declaraba: “El Cáliz está lleno hasta los bordes. Yo no me hubiera creído ser capaz de sufrir tanto. Solo mi gran deseo de querer salvar almas, me explicó que todavía pueda soportar.”

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo el 30 de Septiembre de 1897 a los 24 años de edad. Ella dijo antes de morir: “Mi ocupación en el Cielo será seguir ayudando en la tierra”.

Santa Teresa de Liseux, primero fue proclamaba patrona de las Misiones, fue declarada Doctora de la Iglesia, y el Papa habló de ella como de la Patrona de la Juventud, no es casualidad que El Pontífice Juan Pablo II diera la noticia de su doctorado durante la Jornada Mundial de la Juventud en París.

La santidad de Santa Teresita no se basa en fenómenos extraordinarios. Se basa en "hacer de manera extraordinaria las cosas más ordinarias y corrientes".

Cuesta entender que la vida de Teresa Martín fuera completamente corriente porque para nosotros, Teresa Martín es hoy Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, conocida en el mundo entero, Patrona universal de las Misiones, Patrona de Francia junto a Santa Juana de Arco, Doctora de la Iglesia, etc. Pero olvidamos que pasó inadvertida para su familia, para su entorno, para el Carmelo e incluso para su padre espiritual. Se comentó que había entrado en el Carmelo a los quince años y tres meses. Pero, cuando murió desconocida en un pequeño Carmelo de Provincias, no había más de treinta personas en su entierro en el cementerio de Lisieux. Sin embargo, a su canonización en S. Pedro de Roma asistirán más de 500.000 personas el 17 de mayo de 1925.

"Presiento que mi misión va a comenzar, mi misión de hacer amar a Dios como yo lo amo, de enseñar mi caminito a las almas"

"Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra"

Eran las diez de una espléndida mañana de octubre en la plaza de San Pedro. Juan Pablo II ante unos 70 mil fieles, ante 16 cardenales y numerosos obispos, ante una delegación oficial francesa y ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, declaraba doctora de la Iglesia universal a Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, una muchacha normanda que murió a los 24 años de edad y que nunca pisó un aula universitaria.

“Creo que los jóvenes pueden encontrar efectivamente en ella una auténtica inspiradora para guiarles en la fe y en la vida eclesial, en una época en la que el camino puede estar lleno de pruebas y dudas”, explicó el Santo Padre al recibir en audiencia a los peregrinos que habían venido a Roma para participar en la proclamación de la tercer mujer como doctora de la Iglesia universal “Teresa experimentó diferentes pruebas, pero recibió la fuerza para permanecer fiel y confiada”.

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